.:¿SALVO O NO SALVO? —HE
ALLÍ EL DILEMA
En su libro, El Milagro del Perdón, un antiguo Mormón, el Apóstol y Profeta
Spencer W. Kimball, definió el “evangelio”
del Mormonismo como un “código de leyes
y mandamientos mediante los cuales podemos lograr la
perfección y, finalmente la divinidad.”
De acuerdo con Kimball, “Este conjunto
de leyes y ordenanzas…es
el único plan que exaltará
al género humano.”1.
Un manual autorizado de la iglesia Mormona, Principios
del Evangelio, describe el plan del evangelio Mormón
de esta manera:
“El élder Boyd K. Packer del Concejo de los Doce, nos dio el siguiente ejemplo con el fin de demostrarnos la forma en que la expiación de Cristo permite que seamos salvos de nuestros pecados si hacemos nuestra parte. ‘Permítanme contarles un relato.… Había una vez un hombre que.…contrajo una gran deuda.…el día señalado llegó; el contrato se venció y la deuda aún no estaba completamente saldada. Fue así que su acreedor se presentó y le exigió el saldo total de la deuda.…—Si no olvida la deuda, no habrá misericordia, —decía el deudor. —Si lo hago, no habrá justicia, —respondía el acreedor. El deudor tenía un amigo, el cual vino a ayudarlo.…Se paró entonces entre los dos, enfrentó al acreedor e hizo la siguiente oferta: ‘—Yo estoy dispuesto a pagar la deuda si usted libera al deudor de su contrato para que pueda quedarse con lo que posee y no vaya a la cárcel.’…El acreedor estuvo entonces de acuerdo. El mediador se dio vuelta y le dijo al deudor: ‘—Si pago tu deuda, ¿me aceptarías como tu acreedor?’ ‘—Sí, sí,’ exclamó el deudor. Me salvaste de la prisión y me muestras misericordia.’ ‘Entonces—agregó el benefactor—, ‘me pagarás a mi la deuda y yo estableceré los términos. No será fácil, pero será posible. Yo te proporcionaré la forma de poder hacerlo y tú no tendrás que ir a la cárcel.’ …Gracias a que había habido un mediador, tanto la justicia como la misericordia habían sido satisfechas.”—Principios del Evangelio, 1978. 1994, 2000, pp. 74, 76,77
Como puede verse en la ilustración
precedente, el Jesús del Mormonismo hace las
veces de un “acreedor” intermediario quien
esencialmente refinancia nuestra “deuda”
de pecado y establece los “términos”
y condiciones por los cuales nosotros le podemos “pagar”
por medio de una estricta adherencia a las “leyes”
del evangelio mormón. En consecuencia,
el Libro de Mormón establece:
“…pues sabemos que es por la gracia
por la que nos salvamos, después de hacer cuanto
podamos.”2. “Esta gracia es un poder habilitador que permite que hombres y mujeres obtengan la vida eternal
y la exaltación después de que hayan agotado sus mejores esfuerzos.”3.
Para enfatizar la importancia de expender los mejores
esfuerzos para que uno se haga digno de la vida eterna,
Kimball continuó afirmando:
“Este progreso hacia la vida eterna es cuestión de lograr la perfección. El cumplimiento de todos los mandamientos garantiza el perdón total de los pecados y le asegura a uno la exaltación por medio de esa perfección que se logra al seguir la fórmula que el Señor nos dio. En su Sermón del Monte dio este mandamiento a todos los hombres: ‘Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.’ (Mateo 5:48) Ser perfecto significa triunfar del pecado; es un mandato del Señor. Él es justo y sabio y benévolo. Jamás requeriría a sus hijos cosa alguna que no fuera para su beneficio, o que no se pudiera lograr. Por tanto, la perfección, es una meta realizable.” —El Milagro del Perdón, 1969,1988, Spencer W. Kimball, p. 209
“…por que sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado.”—1 Nefi 3:7, Libro de Mormón
Para que uno no tenga la falsa impresión de que la “perfección” requerida para obtener finalmente la vida eterna sea un proceso que pueda ser llevado a cabo a través de los eones de la eternidad, Kimball responde:
“Uno de los más graves defectos humanos de todas las épocas es la morosidad, la indisposición de aceptar las responsabilidades personales ahora mismo. El hombre llega concientemente a la tierra para obtener su educación, su preparación y desarrollo, así como para perfeccionarse a sí mismo.…Por motivo de que los hombres tienden a postergar tareas y menospreciar instrucciones, el Señor repetidamente ha dado mandatos estrictos y expedido amonestaciones solemnes... y la carga de la amonestación profética ha sido que el momento para actuar es ahora, en esta vida terrenal. Uno no puede impunemente aplazar el cumplimiento por su parte de los mandamientos de Dios.” ¾El Milagro del Perdón, pp. 7, 9-10
Algunas personas podrían entender
que no es razonable creer que Dios pudiera requerir
una perfección total en esta vida terrenal.
Después de todo, uno podría pensar: “‘El
Señor sabe que mi corazón es recto y que tengo buenas intenciones.…’
Pero, ¿recibirá una persona la vida eterna
basada en sus buenas intenciones?”4. Se pregunta Kimball. Y continua diciendo: “Samuel
Johnson declaró que el infierno está pavimentado
con buenas intenciones.’ El Señor
no convertirá las buenas esperanzas, deseos o
intenciones de una persona en obras. Cada cual
debemos hacer esto por nosotros mismos… “Los
hombres y mujeres que viven en el estado terrenal, y han escuchado el evangelio aquí, han
tenido su oportunidad, sus setenta
años para poner su vida en orden, para
efectuar las ordenanzas, para arrepentirse y perfeccionar
sus vidas.”5.
Para enfatizar la importancia de hacerse perfecto antes
de dejar esta tierra, el Libro de Mormón también testifica:
“Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejercer su obra.”—Alma 34:32, Libro de Mormón
“¿Habéis caminado conservándoos irreprensibles delante de Dios? Si os tocase morir en este momento, ¿podrías decir, dentro de vosotros, que habéis sido suficientemente humildes? …He aquí, ¿os halláis despojados del orgullo? Si no, yo os digo que no estáis preparados para comparecer ante Dios. He aquí, debéis disponeros prontamente; porque el reino de los cielos pronto se acerca, y el que no esté preparado no tendrá vida eterna. He aquí, digo: ¿Hay entre vosotros quien no esté despojado de la envidia? Os digo que este no está preparado; y quisiera que se preparase pronto, porque la hora está cerca, y no sabe cuándo llegará el momento; porque tal persona no se halla sin culpa. Y además os digo: ¿Hay entre vosotros quien se burle de su hermano, o que acumule persecuciones sobre él? ¡Ay de tal persona, porque no está preparada; y el tiempo está cerca en que debe arrepentirse, o no puede ser salva!” —Alma 5:27-31, Libro de Mormón
El Libro de Mormón no sólo enfatiza la importancia de alcanzar la perfección en esta vida, sino que habla del crítico rol que juega el arrepentimiento en el plan del evangelio de los Santos de los Últimos Días (Mormones) que son devotos. De acuerdo con el Mormonismo, uno no puede recibir perdón por los pecados a menos que se haya arrepentido completamente de sus pecados. Kimball define este arrepentimiento como el total absoluto “abandono del pecado.”
“No hay ningún ‘camino real’ al arrepentimiento…. Sólo hay una vía. Es un largo camino poblado de espinas y abrojos, asechanzas y problemas…Hay una prueba decisiva del arrepentimiento, a saber, el abandono del pecado…El poder salvador no se extiende a aquel que meramente quiere cambiar su vida…Tampoco es completo el arrepentimiento cuando uno meramente intenta abandonar el pecado…‘Intentar’ es débil. ‘Hace lo mejor que yo pueda’ carece de fuerza. Siempre debemos actuar mejor de lo que podemos… Debe haber resolución y determinación; la discontinuación del pecado debe ser permanente… ¿Quieren llevar a cuestas esta terrible carga todos sus días, o quisieran que se les perdonara? Para ser perdonado, uno debe arrepentirse. Arrepentimiento significa no sólo declararse ustedes culpables del horror del pecado, sino confesarlo, abandonarlo y hacer restauración, hasta el mayor grado posible, a todos los que hayan sido perjudicados; entonces pasen el resto de su vida tratando de vivir de acuerdo con los mandamientos del Señor a fin de que El finalmente los perdone…El arrepentimiento debe incluir una entrega total y completa al programa del Señor…. Dios no puede perdonar a menos que el transgresor manifieste un arrepentimiento verdadero que se extienda a todo aspecto de su vida. …Este pasaje indica una actitud esencial para la santificación que todos debemos estar buscando, y por lo mismo, se relaciona con el arrepentimiento que merece el perdón. Es que el transgresor anterior debe haber llegado al ‘punto irreversible’ en cuanto al pecado, en el cual se incorpora no meramente una renunciación, sino también un profundo aborrecimiento del pecado, en el que el pecado se convierte para él en lo más desagradable, y el deseo o impulso de pecar sale de su vida.” —El Milagro del Perdón, pp. 147, 161-164, 174, 203, 362-363.
Los Principios del Evangelio explican:
“A quienes reciben perdón por un
pecado, y vuelven a reincidir en él, se les considerará
responsables por los pecados cometidos anteriormente.”6.
Por eso, sólo “Al arrepentirnos, la expiación
de Jesucristo tiene un efecto plenamente eficaz en nuestra
vida y el Señor perdona nuestros pecados;”7. No sólo los líderes representativos
del mormonismo declaran que uno debe abandonar totalmente
su pecado para poder dar validez a su acto de arrepentimiento,
sino que también las Escrituras Mormonas hacen
eco en esta posición.
“Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará.” —Doctrina y Convenios, Sección 58:43
“Y ahora, yo, el Señor, en verdad os digo que no os imputaré ningún pecado; id y no pequéis más; pero los pecados anteriores volverán al alma que peque, dice el Señor vuestro Dios.” —Doctrina y Convenios, Sección 82:7
¿Cuántos de nosotros
podemos afirmar con honestidad que nunca hemos repetido
un pecado en particular después de haber atravesado
por los actos de la confesión y el arrepentimiento
de dicho pecado? ¿Qué persona puede, en
cualquier momento, estar completamente segura de que
ha confesado y se ha arrepentido de todos los pecados
que hubiera cometido en su vida? ¿Y cómo
esa persona podría tener plena confianza de que
nunca repetiría ninguno de esos pecados?
Desde el momento en que el Mormonismo afirma que “los
pecados anteriores regresan” al individuo que
falla en abandonar su pecado, ¿Qué seguridad
puede tener alguien de haber recibido el perdón
por sus pecados? La Biblia testifica “Porque
todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende
en palabra, este es varón perfecto,
capaz de refrenar todo el cuerpo.”8.
Nosotros pecamos a diario en palabras,
acciones y con las actitudes de nuestro corazón.
Jesús dijo: “cualquiera que mira a una
mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en
su corazón.”9.
El sólo hecho de estar “enojado”
sin razón con un hermano trae el juicio de Dios
sobre nuestras almas,10. e incluso, el simple hecho de no hacer algo que sabemos
que deberíamos hacer es “pecado”11.
Por eso la Biblia declara:
“Como está escrito: No hay justo, ni aún uno…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,”—Romanos 3:10, 23, Biblia Reina Valera 1960
Si el arrepentimiento requiere el abandono
del pecado,12. y repetir un pecado después de haber recibido
el perdón lo hace a uno responsable de sus “pecados
anteriores”,13. ¿cómo podría alguno de nosotros
afirmar que se arrepintió de todos sus pecados?
Es evidente que con estas normas uno tendría
que “ser perfecto” para poder cumplir totalmente
con esta fórmula de arrepentimiento. Por
lo tanto, podemos ver que en el Mormonismo, el fallar
en arrepentirnos por el abandono de todos nuestros pecados,
nos lleva a la condenación otorgada a aquellos
que “dilatan” el día de su arrepentimiento.
“…os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna. No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno. Porque, si habéis demorado el día de vuestro arrepentimiento, aún hasta la muerte, he aquí os habéis sujetado al espíritu del diablo y él os sella como cosa suya; por tanto, se ha retirado el Espíritu del Señor y no tiene cabida en vosotros, y el diablo tiene todo poder sobre vosotros; y este es el estado final del malvado.” —Alma 34:33-35, Libro de Mormón
De acuerdo al Libro de Mormón, si existiera algún pecado del cual no te hubieras
arrepentido al momento de tu muerte, entonces tu arrepentimiento—habiendo
sido “aplazado”—haría que seas
“sujetado al espíritu del diablo, y él
os sella como cosa suya.” Desde el momento
en que el Mormonismo habla de un arrepentimiento que
“merece”14. el perdón, lo cual requiere una “discontinuación”
“permanente” del pecado,15. ¿qué seguridad puedes tener del perdón
de Dios aplicado a tu favor? Es por esta razón
que el Libro de Mormón proclama:
“Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo.…”—Moroni 10:32, Libro de Mormón
Como la cita anterior del Libro
de Mormón explica, uno debe “abstenerse”
de “toda impiedad” antes que pueda recibir la “gracia” de Cristo.
¿Hay alguna duda con respecto a que el Mormonismo
condiciona el perdón a la habilidad que uno tenga
para arrepentirse por medio de abandonar sus pecados?
¿Sorprende a alguien que Kimball concluya diciendo:
“…pese a la potencia de la gracia salvadora
de Cristo, esta no trae salvación a ninguno que
no cumpla con las obras del evangelio.”?16.
Es en este punto en que vemos el dilema total del evangelio
Mormón. No es únicamente que el
Mormonismo demande que te “abstengas” de
“toda impiedad” antes de poder recibir la
gracia de Cristo,17. sino que el Jesús del Mormonismo no puede salvarte
mientras estés en una condición indigna—permaneciendo
“en tus pecados.”
“Y te vuelvo a decir que no puede salvarlos en sus pecados; porque yo no puedo negar su palabra, y él ha dicho que ninguna cosa impura puede heredar el reino del cielo….Así que no podéis ser salvos en vuestros pecados.” —Alma 11:37, Libro de Mormón
En vista del hecho de que el Jesús del Mormonismo no es capaz de salvarte mientras estés “en tus pecados,” el profeta Joseph Smith concluyó que nosotros somos completamente responsables por nuestros propios pecados.
“Después de esta instrucción, ustedes serán responsables por sus propios pecados; es un honor deseable el que deban caminar de tal modo delante de nuestro Padre celestial que puedan salvarse ustedes mismos; todos somos responsables ante Dios por la manera en que mejoramos la luz y la sabiduría que nos dio nuestro Señor para hacer posible que nos salvemos a nosotros mismos.” —Enseñanzas del Profeta José Smith, compiladas por Joseph Fielding Smith, 1976, p. 227 (Traducido del Inglés).
¿Pueden ver por qué el
arrepentimiento de acuerdo con el evangelio Mormón
demanda “perfección” y una “discontinuación
permanente del pecado”?18.
¿Pueden ver por qué el Mormonismo afirma
que aquellos que repiten un pecado después de
haberlo confesado, se hacen “responsables”
de sus pecados anteriores y finalmente pierden su perdón?19.
¿Pueden ver por qué en
el Mormonismo el que uno fracase por erradicar el pecado
de su vida lo lleva a estar bajo la condenación
del aplazamiento del día de su arrepentimiento
y que, si uno muere en ese estado de aplazamiento, se
habrá “sujetado al espíritu del
diablo y él os sella como cosa suya…y
este es el estado final del malvado”?20.
¿Pueden ver por qué el Jesús del
Mormonismo “no puede” salvarlos mientras
estén “en sus pecados”?21. A la luz de la evidencia de que es imposible
que alguien reciba la “gracia” de la salvación
por hacer su “mejores esfuerzos,”22. ¿Pueden ver por qué la Biblia declara:
“nos salvó, no por obras de justicia que
nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia,…”?23.
El evangelio del Mormonismo asegura
que: “Guardar los mandamientos de Dios limpiará
de la mancha del pecado.”24.
Pero la Biblia declara que: “Si bien todos
nosotros somos como suciedad, y todas nuestras
justicias como trapos de inmundicia; y caímos
todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos
llevaron como el viento.”25.
¿Cómo pueden las buenas obras, como el
“guardar los mandamientos,” limpiar del
pecado, cuando todas las buenas obras que uno hace tan
sólo amontonan “trapos de inmundicia”?
Del mismo modo en que una cadena es
tan fuerte como lo sea su unión más débil,
la Biblia declara: “Porque cualquiera que
guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”26. Como
pueden ver, cometer un sólo pecado trae el juicio
de Dios sobre uno. Un pecado te hace culpable
de toda la ley. Como resultado de esto, la Biblia
proclama: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”27.
El Mormonismo hace a Jesús un
“acreedor” que simplemente refinancia la
“deuda” del pecado que teníamos con
el Padre Celestial, quien requiere que le paguemos a
través de la obediencia a las “leyes”
y “ordenanzas” del evangelio.”28.
Pero si no pudimos pagar la deuda de pecado que teníamos
con el Padre Celestial primeramente, ¿qué
seguridad podemos tener de que podremos pagar la deuda
a Su Hijo Jesucristo? Ciertamente, el Padre Celestial
nos ama y conoce nuestros corazones. ¿No
creen que si fuera posible para nosotros pagar nuestra
deuda de pecado a través de la obediencia a las
“leyes” del evangelio, el Padre Celestial
habría establecido los “términos”
y condiciones para que le paguemos a Él sin necesidad
de requerir que Su Hijo muriera y fuera nuestro mediador?
Lejos de que alguien sea capaz de hacerse
digno, la Biblia proclama que es imposible hacerse justo
por medio de la obediencia a la ley, “porque si
la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente
por la ley.…”29.
“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado…Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.—Romanos 3:19-20, 23, Biblia Reina Valera 1960
La “ley” de Dios revela la depravación de nuestros corazones y la maldad de nuestro “pecado.” Como nuestras vidas son medidas frente al perfecto estándar de nuestro Dios justo y santo, nuestras “bocas” son “cerradas” en vergüenza, nuestros trapos de “inmundicia”, provenientes de nuestros propios esfuerzos, son puestos de lado, y nos “hacemos culpables delante de Dios.” Por eso la Biblia proclama:
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios…la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen en Él…siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús…Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe, sin las obras de la ley.”—Romanos 3:21-22, 24-26, 28, Biblia Reina Valera 1960
Nosotros no podemos guardar la ley.
No importa cuán duro trabajemos por lograrlo,
nuestra justicia tan sólo amontona “trapos
de inmundicia”. Como los versículos
anteriores lo afirman, una vez que uno ha puesto toda
su confianza en la “redención que es en
Cristo Jesús,” es la justicia de Cristo
la que es imputada a favor de tal. Descansando
en “Su justicia” que es “sin la ley,”
recibimos la “remisión de los pecados,”
y Jesús se hace para nosotros, no tan sólo
aquel que es “justo,” sino el que “justifica”
(declara justos) a aquellos que “creen en Jesús.”
“Así que, concluimos que el hombre es justificado
[es declarado justo] por la fe, sin las obras de la
ley.””30.
“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.”—Gálatas 5:4, Biblia Reina Valera 1960
“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”—Romanos 11:6, Biblia Reina Valera 1960
“mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.—Romanos 4:5, Biblia Reina Valera 1960
“y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”—Filipenses 3:9, Biblia Reina Valera 1960
A diferencia del Jesús de los Mormones quien pagó nuestra “deuda” de pecado y que requiere un “repago” de la “deuda” a través de la obediencia a “leyes” y “ordenanzas,” el Jesús de la Biblia pagó por nuestra deuda de pecado completamente y de manera “gratuita” nos ofrece “su justicia” a cambio de nuestro pecado.
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”—Romanos 3:24, Biblia Reina Valera 1960
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”—2 Corintios 5:21, Biblia Reina Valera 1960
“anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.”—Colosenses 2:14, Biblia Reina Valera 1960
Jesús proclamó en la
cruz: “¡Consumado es!”31.
Él declaró que nuestra deuda de pecado
había sido pagada completamente. Cuando
murió, Él “anuló” el
acta de decretos y “ordenanzas” que había
“en contra de nosotros” porque nosotros
no pudimos cumplirlas, y tomó estas “ordenanzas…quitándolas
de en medio,” para que nuestras transgresiones
ya no nos sean tomadas en cuenta. Por eso, La
Biblia declara que una vez que hemos puesto toda nuestra
confianza únicamente en Jesucristo, Dios ya no
nos mira en el contexto de nuestros pecados y culpas.
En lugar de esto, Él nos mira en el contexto
de la justicia—completamente suficiente—de
Cristo. Como resultado, la Biblia dice que, como
creyente “…habéis muerto, y vuestra
vida está escondida con Cristo en Dios.”32.
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre…porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”—Hebreos 10:10,14, Biblia Reina Valera 1960
Jesús nos da el encuentro exactamente
donde estamos. La Biblia dice: “…que
siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros.”33.
Es Jesús quien nos hace “perfectos”
—no es por la obediencia a un “código
de leyes” y “ordenanzas”—sino
en virtud de Su vida sin pecado aplicada a nuestro favor.
“Santificar” significa “separar algo
como sagrado”34. La Biblia proclama que Jesús
no es sólo el que nos declara justos, sino que
además, es Él quien comienza en nuestros
corazones el proceso de santificación.
“Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré.”—Hebreos 10:16, Biblia Reina Valera 1960
“…siendo manifiesto que sois carta de Cristo…escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.”—2 Corintios 3:3, Biblia Reina Valera 1960
Desde el mismo momento en que individualmente rendimos el control de nuestras vidas al Señorío de Jesucristo, Jesús nos libera de la esclavitud del pecado y de la muerte, y crea dentro de nosotros un nuevo corazón y un espíritu nuevo. No tenemos que luchar más por hacer nuestras vidas aceptables cumpliendo externamente un grupo de “leyes” y “ordenanzas.” Es el Espíritu de Dios quien motiva internamente nuestros corazones y transforma nuestras vidas desde adentro.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”—2 Corintios 5:17, Biblia Reina Valera 1960
Contrariamente al Jesús del
Mormonismo quien “no puede” salvarte “en
tus pecados” y que requiere que “merezcas”
el perdón a través del “abandono”
de “toda impureza,” el Jesús
de la Biblia proclama: ‘“Los sanos
no tienen necesidad de médico, sino los enfermos…
Porque no he venido a llamar a justos,
sino a pecadores, al arrepentimiento’”35.
Sin tener en cuenta la habilidad que uno tenga para
dominar el pecado, Jesús ofrece incondicionalmente
Su perdón a todo aquel que venga a Él
sobre la base de la fe.
“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.—Juan 6:37, Biblia Reina Valera 1960
“por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.”—Hebreos 7:25, Biblia Reina Valera 1960
El Jesús de la Biblia promete
que, una vez que un individuo “viene” a
Él personalmente, solicitándole humildemente
perdón, Él nunca lo echará fuera.
A diferencia del Jesús del Mormonismo quien únicamente
nos salva “si hacemos nuestra parte,” el
Jesús de la Biblia nos salva “completamente”
por que es Él quien nos presenta “santos,
sin culpa y sin reproche” a la vista de Dios.36.
Descansando en los méritos completos y suficientes
de nuestro Señor y salvador, tenemos la absoluta
seguridad de nuestra salvación.
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”—1 Juan 5:11-13, Biblia Reina Valera 1960
Por la implicancia de la plenitud de
nuestra redención, el creyente puede proclamar
abiertamente: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús….
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la
vida, ni ángeles… ni lo presente, ni lo
por venir… nos podrá separar del amor
de Dios, que es en Cristo Jesús Señor
nuestro.”37.
A diferencia del “arrepentimiento”
en el Mormonismo, que requiere la “discontinuación
permanente del pecado” y que advierte que, “a
toda alma que pecare le regresarán los pecados
anteriores,” la Biblia proclama que: “Si
confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados, y limpiarnos de toda maldad.”38.
Como se puede ver en este pasaje, la limpieza de nuestros
pecados en respuesta a nuestra confesión, depende
completamente de los justos méritos del Señor
Jesucristo y de la fidelidad de nuestro amoroso Dios.
Aparte de la advertencia para arrepentirse poniendo
toda la fe y confianza en Cristo, será un esfuerzo
vano el tratar de encontrar en la Biblia un sólo
pasaje que remotamente implique un perdón condicionado,
basado en los méritos personales. Pues
la Biblia declara:
“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad?…sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.—Miqueas 7:18-19, Biblia Reina Valera 1960
“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados…. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.”—Salmo 103:10,12, Biblia Reina Valera 1960
Más aún, el bien conocido
pasaje de Santiago que dice que “la fe sin obras
es muerta”39. toma un nuevo significado cuando uno reconoce que este
pasaje está hablando acerca de una fe muerta
que no puede salvar a una persona más de lo que
un cuerpo físico podría vivir sin el espíritu.40.
Así como una fruta sobre un árbol frutal
demuestra que el árbol está vivo y está
bien, del mismo modo las obras siguen a la verdadera
fe Cristiana y prueban que la fe, que salva espiritualmente
al Cristiano, está viva. Al mismo tiempo
que es cierto que las obras prueban que un Cristiano tiene la fe salvadora viva, las obras
no hacen a una persona digna de la vida eterna.
Pues la Biblia dice:
“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia..…”—Romanos 11:6, Biblia Reina Valera 1960
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”—Efesios 2:8-9, Biblia Reina Valera 1960
Ciertamente, la única verdadera
“obra” salvadora, es la obra de fe, como
es testifica nuestro Señor Jesús en Juan
6:28-29: “Entonces le dijeron: ¿Qué
debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús
y les dijo: Esta es la obra de Dios,
que creáis en el que él
ha enviado.”41.
=========
1. El Milagro del Perdón, 1988, p. 6
2. 2 Nefi 25:23, Libro de Mormón
3. Diccionario Bíblico de los Mormones, p. 697 (Traducido
del Inglés)
4. El Milagro del Perdón, p. 8
5. El Milagro del Perdón, pp. 8, 322
6. Principios del Evangelio, 1978, 1994, 2000, p. 253
7. Principios del Evangelio, p. 126
8. Santiago 3:2, Biblia Reina Valera 1960
9. Mateo 5:28, Biblia Reina Valera 1960
10. Mateo 5:22, Biblia Reina Valera 1960
11. Santiago 4:17, Biblia Reina Valera 1960
12. El Milagro del Perdón, p. 174
13. Principios del Evangelio, 1978, 1994, 2000, p. 253
14. El Milagro del Perdón, p. 363
15. El Milagro del Perdón, p. 174
16. El Milagro del Perdón, p. 208
17. Moroni 10:32, Libro de Mormón
18. El Milagro del Perdón, p. 174
19. Principios del Evangelio, 1978, 1994, 2000, p. 253
20. Alma 34:35, Libro de Mormón
21. Alma 11:37, Libro de Mormón
22. Diccionario Bíblico Mormón, p. 697 (versión
en Inglés); Moroni 10:32, Libro de Mormón
23. Tito 3:5, Biblia Reina Valera 1960
24. Brigham Young, 1853, Diario de Discursos, vol. 2, p.
4 (Traducido del Inglés)
25. Isaías 64:6, Biblia Reina Valera 1960
26. Santiago 2:10, Biblia Reina Valera 1960
27. Romanos 3:23, Biblia Reina Valera 1960
28. Principios del Evangelio, p. 77
29. Gálatas 3:21, Biblia Reina Valera 1960
30. Romanos 3:28, Biblia Reina Valera 1960
31. Juan 19:30, Biblia Reina Valera 1960
32. Colosenses 3:3, Biblia Reina Valera 1960
33. Romanos 5:8, Biblia Reina Valera 1960
34. Diccionario Webster del Lenguaje Americano para el Nuevo
Mundo, 1964, p. 1290 (Traducido del Inglés)
35. Mateo 9:12-13, Biblia Reina Valera 1960
36. Colosenses 1:22, Biblia Reina Valera 1960
37. Romanos 8:1, 38-39, Biblia Reina Valera 1960
38. 1 Juan 1:9, Biblia Reina Valera 1960
39. Ver Santiago 2:14-17, 26
40. Ver Santiago 2:26
41. Biblia Reina Valera 1960
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